40 días por la vida Vs. Vidas arruinadas para siempre

Del 14 de febrero al 25 de marzo en Colombia se realizará la sexta temporada de la vigilia de oración 40 días por la vida.

Grupos Provida, cristianos y laicos promueven y participan en la campaña 40 días por la vida, la cual consiste en jornadas de oración y ayuno. Su propósito es promover ”la reflexión de la ciudadanía sobre el valor y respeto por la vida desde su nacimiento hasta la muerte natural”.

En otras palabras, esta es una campaña en contra del aborto y de la eutanasia; en contra del ejercicio de autonomía de la propia vida; en contra del derecho a la libre opción de ser o no madres; en contra de la libre opción de elegir una muerte digna; y en últimas, en contra del ser humano íntegro y autónomo.

La vida a secas, es decir, sin ninguna consideración concreta, no puede defenderse porque nadie vive en un mundo abstracto, en un mundo ideal, en un mundo no realizado, al contrario, todos vivimos inmersos en particularidades y circunstancias que hacen sino imposible, si por lo menos injusto ignorar tales particularidades o lo que es peor, valorarlas y juzgarlas desde la óptica cómoda de quien no las padece.

Esa defensa por la vida en el caso del aborto, va dirigida además, en contra de las mujeres más vulnerables: campesinas e indígenas a quienes el acceso a los servicios que ofrece la “civilización” ya de por sí precarios, son en muchos casos inalcanzables para ellas por una multiplicidad de circunstancias; y mujeres pobres, en muchos casos, ignorantes y sin posibilidades de autonomía económica.

Esa defensa a ultranza por la vida, no toca a las mujeres con posibilidades económicas porque ellas se pueden dar el lujo de saltarse las leyes: pueden pagar por abortos sin ningún problema en el país o fuera de él. Ellas no tienen que padecer el viacrucis al que obliga la inoperancia del Estado, cuando se solicita el aborto dentro de las causales que lo permiten.

Otra es la realidad de las mujeres sin recursos quienes no tienen más remedio que apelar al Estado para practicarse un aborto cuando las ampare la ley, muchas desisten al final porque las instituciones y/o los funcionarios dilatan los procesos administrativos hasta el punto de hacer luego inaplicable el procedimiento médico. Y en esta pelea por exigir sus derechos, las mujeres son además juzgadas y señaladas como asesinas por “los defensores de la vida”. No hay derecho.

Recordemos por enésima vez: tanto la interrupción voluntaria del embarazo como la eutanasia, son opciones, no mandatos; son posibilidades de elección de la gente que el Estado debe garantizar. Cada persona de acuerdo a las condiciones propias y a su libre autonomía, puede decidir qué hacer ante situaciones que le atañen directamente como dar vida a otro ser u optar por pedir auxilio para tener una muerte digna.

Finalmente, si las razones que justifican la defensa por la vida son el valor y el respeto por ésta, valdría la pena que quienes participan en dicha campaña, hicieran referencia a la realidad en la que viven millones de niños en el mundo, millones de vidas que carecen de total valor y respeto, millones de vidas destruidas, millones de vidas arruinadas para siempre porque fueron traídos a este mundo “en defensa de la vida” a pesar de no poderse, a pesar de no haber sido deseadas, a pesar de su segura condición de “No Futuro”.

Ese esfuerzo de ayunar y rezar cuarenta días deberían dedicarlo estos defensores de la vida, a reflexionar sobre la violencia, el maltrato, el abandono, las condiciones indignas de vida que padecen millones de niños en el mundo. Ese esfuerzo sí vale la pena, lo demás es gazmoñería.

El sexo como control

Como fuente de placer y como forma reproductiva, el sexo ha ocupado un lugar muy importante en la vida social de todas las culturas, por ello ha sido objeto de ritos, normas, tabús. Los órganos sexuales, el falo y la vulva, han sido convertidos inclusive en objetos de adoración en muchas sociedades.

El sexo ha sido también una forma de control y dominación en las sociedades patriarcales. Por ello, el sexo practicado por los hombres ha disfrutado de mayor libertad al punto que no solo es permitido sin restricción sino además alentado a ejercerlo desde muy temprana edad.

Todos esos discursos morales y religiosos sobre la monogamia y la fidelidad no son más que mera retórica cuando de los hombres se trata, no así para las mujeres quienes han debido por la fuerza o por adiestramiento, obedecer este mandamiento social y cuando lo han transgredido, han sido sancionadas física o socialmente, incluso en muchos casos, han pagado con su vida.

El sexo pues, se convirtió en otra forma de dominación masculina.

El asunto tiene en el fondo razones económicas, pues como la mujer es la única que está en capacidad de saber quién es el padre de sus hijos, el hombre decidió que había que mantenerla alejada de otras relaciones sexuales para garantizar que su herencia realmente fuera a parar a manos de su prole y no a la de otros. En otras palabras, la herencia requirió la seguridad de una paternidad real y esta no podía tenerse sino se exigía a la mujer una fidelidad absoluta. Hoy esta necesidad sigue vigente.

De esta manera lo que esconde el discurso moral sobre la fidelidad no es más que la lucha por el poder y en esta batalla el objeto a conseguir y custodiar es la vulva, de ahí que la mujer haya sido reducida a su órgano sexual. La virginidad se exalta entonces como la mayor virtud que una mujer puede tener, ella es la garantía de un objeto original, sin uso. La virginidad es la prenda de garantía que da valor a la mujer-mercancía.

Es así como el control de Ese oscuro objeto del deseo, se convirtió en una obsesión para la cultura patriarcal y una de las formas más brutales que se inventó para ejercer tal control es la ablación o mutilación genital femenina (MGF). La ablación, recordemos, consiste en la mutilación parcial o total del tejido de los órganos genitales femeninos, del clítoris, el órgano que genera el mayor placer sexual en la mujer.

En algunos países de África, Europa, Oriente y América Latina, más específicamente en nuestro territorio, se realiza esta práctica en las niñas, práctica justificada en nombre de la tradición o de ideas sin fundamento científico alguno.

La MGF es una costumbre cruel, dolorosa e inhumana que no solo conlleva peligro para la salud física y sicológica de la mujer, sino que la priva del mayor placer anatómico del ser humano, el orgasmo. Sin el orgasmo la mujer queda de cierta manera privada de buscar relaciones sexuales y su futuro dueño estará tranquilo porque la mercancía que adquiere tiene sello de garantía y será de su uso exclusivo.

No hay manera más aberrante y directa de demostrar lo que significa para la sociedad patriarcal una mujer que este tipo de prácticas. No hay manera más cruda de manifestar la subordinación de la mujer que mantener y justificar tradiciones de este tipo. No hay mayor prueba palpable de la instrumentalización de la mujer al servicio del hombre que convertirla literalmente en objeto de placer.

No alcanzo a imaginar qué pasaría si fuera al hombre al que se le privara del placer sexual mutilándolo genitalmente y las mujeres los pasáramos de mano en mano obligándolos, por la fuerza o la persuasión, a satisfacer sexualmente a las mujeres de las muchas otras maneras que existen para hacerlo sin necesidad del pene.

Digámoslo claro: ni la monogamia, ni la fidelidad, ni la virginidad son virtudes; todas ellas son formas de control sobre la mujer y punto.

Paisaje urbano

En medio del mar de basura tirada en las calles de la gran ciudad, se podía ver a un hombre joven y famélico, sucio y harapiento, acuclillado buscando desesperadamente algo para comer. El descontento y la rabia de la población se volcaron en contra de la administración local. Nadie se airó ni levantó su voz para protestar porque un ser humano tuviera que hurgar en la basura para poder sobrevivir.

Bestia humana

Su cuerpo contrahecho se antojaba más diminuto de lo que realmente era porque su cabeza enorme y bamboleante parecía tragárselo. Su cuello era invisible. Todo en su cara era desmesurado y fuera de control. Resultaba difícil y penoso mirarlo pero él se empeñaba en acercarse a quienes tenía a su alrededor. Su madre lo llevaba del brazo y lo arrastraba como quien lleva un bulto cuyo contenido no es valioso. Él no paraba de balbucir sonidos incomprensibles y de moverse. Mientras esperaban a ser llamados para entrar al laboratorio, ella le gritaba y lo obligaba a quedarse quieto. No había ni en la mirada, ni en la voz, ni en los gestos de esta mujer, asomo de una pizca de cariño y compasión por esa criatura en la que se adivinaba un ser humano.

La noche

Vienes a mí con tu sudor antiguo, con tus manos rocosas recién lavadas pero con tu boca caverna oscura y húmeda de moho, con el surco de la tierra dibujado en tu piel y con tu apuro y torpeza de siempre. Vienes a derramarte sobre mí de cualquier manera sin consultar mi deseo. Y luego te duermes mientras yo, anclada en la eternidad de mi soledad, te respiro, te sufro, te miro junto a mí pero sintiéndote tan lejos. Desmadejado, entregado a un sueño que siempre viene bruscamente a llevarte al único descaro para ti, para mí, que no tenemos nada más que nuestras manos para trabajar y nuestro cuerpo para resistir y nuestros ojos para llorar. Somos desgraciados al extremo pero yo llevo la delantera. Estoy cansada.

El sacrificio

Descontento con las oblaciones ofrecidas por los hombres, El Misericordioso habló a sus criaturas “Ha llegado la hora de devolveros la gracia suprema. La ventura perenne retornará ligera y os abrazará cuando la sensatez os permita arrasar vuestros pasos”.

Creyendo entender, los hombres renunciaron a su arrogancia: despreciaron el oro y el poder, y reinó la modestia… pero El Innombrable guardó silencio y la tristeza del rebaño fue grande. Decidieron entonces combatir la lascivia: aprendieron a vencer sus deseos y vivieron como hermanos… pero El Gran Artífice guardó silencio y los mortales lloraron hasta inundar los valles. El patriarca –que no soportaba ver así a su pueblo- pidió el sacrificio de los humildes, tal vez Dios quería tenerlos consigo… pero El Arquitecto Mayor guardó silencio. Alguien propuso sacrificar la sabiduría, que en tan gran estima tenían: los sabios fueron inmolados… pero El Portentoso guardó silencio. El desespero y la pesadumbre abatieron los corazones; los pastones oraban día y noche… pero El Todopoderoso no respondía. El más viejo propuso entregar los representantes de El Divino y los pastores fueron ofrendados amorosamente… pero El Altísimo guardó silencio.

Consultado el ermitaño, éste habló: “El Omnipotente ha pedio el sacrificio más grande; ¿lo hay mayor que abandonar Su protección? ¿Hay mayor sacrificio que renunciar a la prometida dicha celestial?” De repente se escuchó una exhalación, un suspiro de alivio celestial: ¡el Más Amado se pronunciaba! Entonces, todo lo que una vez fue erigido en Su recordación, fue pacientemente destruido; los simples eliminaron de su memoria todo vestigio de El Supremo. Los hombres habitaron esta tierra solos y, como en el principio de los tiempos, fueron libres.