Bestia humana

Su cuerpo contrahecho se antojaba más diminuto de lo que realmente era porque su cabeza enorme y bamboleante parecía tragárselo. Su cuello era invisible. Todo en su cara era desmesurado y fuera de control. Resultaba difícil y penoso mirarlo pero él se empeñaba en acercarse a quienes tenía a su alrededor. Su madre lo llevaba del brazo y lo arrastraba como quien lleva un bulto cuyo contenido no es valioso. Él no paraba de balbucir sonidos incomprensibles y de moverse. Mientras esperaban a ser llamados para entrar al laboratorio, ella le gritaba y lo obligaba a quedarse quieto. No había ni en la mirada, ni en la voz, ni en los gestos de esta mujer, asomo de una pizca de cariño y compasión por esa criatura en la que se adivinaba un ser humano.

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