6

Toda muerte es siempre una muerte doble. Una personal y una colectiva. Tú moriste y ya no estuviste más para nosotros, pero al mismo tiempo, cada uno de los que habitábamos en tu memoria dejamos de existir para ti en el momento exacto que cerraste finalmente los ojos.

5

Cuando le abrieron la puerta, con timidez susurró: quiero enviar un saludo de cumpleaños a una persona que mañana lo celebra.

Muy bien, ¿quiere que las felicitaciones vayan con un mensaje especial?

No, simplemente quiero que digan Feliz cumpleaños para Enrique Marín.

Muy bien, dígame su nombre para nuestro registro

Mi nombre es Enrique Marín.

Sin mirarme dijo gracias y salió antes de que pudiera decirle algo.

Al día siguiente, en las horas de la mañana, en los saludos habituales de la emisora, el locutor con una pompa poco usual, anunció que la familia, todos los allegados y amigos de don Enrique Marín, le deseaban un feliz cumpleaños.

1

Una tarde iba caminando por la calle cuando noté que una mujer, sentada en el andén de enfrente, hablaba a la gente que pasaba por su lado pero nadie se detenía a escucharla, entonces yo me acerqué y ella simplemente me señaló hacia el cielo y me dijo: ¿qué es eso? Miré en la dirección que apuntaba su dedo y vi un nítido y gran arco iris. Un arco iris, le respondí un poco extrañada por su pregunta. Y ella insistió, ¿pero qué es? Me encontré en un aprieto buscando la respuesta más adecuada. Vacilante le contesté: es agua…  y luz. Me miró y de inmediato supe que mi respuesta no le había satisfecho. Entonces le dije: eso es una sonrisa de la vida. Miró de nuevo el arco iris y luego, con su rostro ahora iluminado de alegría, me miró a mí por un segundo. Me sonrió. Después se quedó en silencio mirando arrobada el firmamento y yo un poco confundida, seguí mi camino.

4

Tuvo que llorar la muerte de su marido con lágrimas prestadas porque las suyas ya las había agotado cuando violaron y mataron a su pequeña niña.

El ranchito no fue lo único que les robaron. Les arrebataron los días de sol, las noches de luna y todas las penas y alegrías cosechadas durante los veinte años que vivieron en la montaña.

Cuando le pregunté el porqué su llanto, recibí como respuesta: estoy llorando mi propia muerte. Al día siguiente el amanecer me sorprendió sin su presencia.