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Por ti hice lo impensable: me tiré al suelo, me revolqué, gemí, te dediqué exclusivamente mi mirada y mi amor y lo único que recibí como respuesta, fue que me mordisquearas una oreja. Mascota ingrata.

No hay momento del día más placentero que aquel al despertarme en la madrugada, media hora antes de tener que levantarme y poderme quedar en la cama bajo las cobijas, en una mañana mordida por el frío.

En esos días de calor intenso solo necesito un árbol generoso en sombra y un libro que me lleve a otros mundos.

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