La jugada

Ya no había tiempo de echar marcha atrás, pensé mientras el auto se precipitaba hacia el abismo.  Ahora solo cabía esperar que la suerte jugara sus cartas a mi favor. Sólo tú y yo sabíamos lo que había pasado. Deshacerme de ti era mi única salvación. El infierno parecía finalmente, disiparse.

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