La que soy y no soy

Soy, no puedo negarlo
Una privilegiada

No he padecido hambre
No he aguantado frío
No he dormido en la calle
Mi cuerpo no ha sufrido el dolor de la miseria
Mis ojos no han sido obligados a llorar barro
La sangre no ha sido arrancada de mis poros
Mi espalda no ha sido doblada por látigo alguno
Mi rodilla no se ha hincado para implorar misericordia
Ni mi mano se ha extendido en espera de limosna

Mi lengua no ha barrido el suelo lustroso de ningún palacio
No han clavado agujas en mis dedos
No hay huellas de tortura en mi piel
No he arrastrado grilletes ni cadenas de hierro
No hay palabras que hayan roto mis oídos
No soy uno de los millones de seres que gimen
No soy, ni de lejos, una paria

Pero hoy mi corazón está roto
Mi razón no aguanta más
Ya no puedo cerrar mis ojos porque unos ojos hambrientos me persiguen
El peso de unas cadenas que no cargo me aniquila
El horror de un cuerpo mutilado me revienta
El hambre de las bocas ajenas desgarra mis entrañas
El llanto de mil gargantas como un eco me persigue
El dolor de los días sin esperanza me despierta
Me cubre la oscuridad de un cielo de pantano
Me lastima el vacío de unas manos en espera
Me humillan cientos de cuerpos despreciados
Me avergüenza la limpieza de los sueños más humildes
Y la fuerza con que labran el mañana

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