La sombra

Alta y avara de cuerpo, llevaba puesto como siempre, un vestido suelto que le permitía moverse sin tropiezo y ocultarse de ojos inquisidores. El blanco que la cubría de pies a cabeza la recortaba como una sombra del otro lado de la vida, como un fantasma iluminado en una noche de luna limpia. Sus brazos derrotados luchaban todavía por apartarla de todo lo que no fuera ella misma. Su cuello largo, pálido y estrecho sostenía con timidez su rostro negado, su cara escurrida, sus rasgos fugados. Sus diluidas líneas impedían adivinar cómo había sido su sonrisa, cuál había sido su geografía particular, qué caminos la surcaban. Sus ojos remotos y muertos no contaban nada. El ácido arrojado a su cara por una mano cientos de veces acariciada por ella, besada por ella, asida por ella, le había arrebatado en un segundo la vida entera.

2 thoughts on “La sombra

  1. Los ataques con ácido tienen un claro propósito: dejar impresa para siempre, en una cara o en un cuerpo, la huella del agresor; para que cada vez que esa mujer se mire al espejo, sienta sobre ella el peso de la dominación patriarcal.
    Nuestro país es el que tiene el índice más elevado en el mundo de ataques a mujeres con ácido, seguido de Bangladesh, Camboya, India, Nepal, Pakistán y Uganda (El Espectador, 2013, 10 de octubre).
    Y a pesar de haber penalizado estos actos con la ley 1639 de 02 de julio de 2013 y endurecido las penas para los agresores que ataquen a sus víctimas con ácido, y de incluir programas de prevención y atención a las víctimas, no se ha logrado mitigar ni detener este tipo de violencia, al contrario, ha venido en aumento. Según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en los últimos diez años se han dado más de mil ataques.
    Las secuelas físicas que deja este ataque sobre la víctima, son con frecuencia de carácter permanente; y las repercusiones psicológicas , están relacionadas con el aislamiento familiar, social y la afectación al estatus económico por las discapacidades producidas por el ataque y las pérdidas económicas derivadas de largos tratamientos quirúrgicos y procesos judiciales (Naciones Unidas, 2011).
    Mientra no rompamos la estructura social capitalista, con sus correspondientes cadenas de la tradición, que dictan la supremacía de los hombres sobre las mujeres, y que bendice la propiedad privada de las mujeres por parte de los hombres y la propiedad de la riqueza en manos de unos cuantos, a costa de la miseria de muchos; este y otro tipo de agresiones en nuestra contra, seguirán en aumento.

    • La lucha de las mujeres, como todas las luchas reivindicativas, deben tener un carácter permanente, porque el hecho de que se promulguen leyes no basta. Eso ha pasado con la despenalización del aborto, en el caso de las mujeres, y con el reconocimiento de las comunidades indígenas en la Constitución del 91. Si nos conformamos con esos “logros” en el terreno jurídico y no seguimos luchando, la realidad no cambiará. Todo será letra muerta. Eso es lo que ha pasado con relación a la violencia de género.

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