Las jóvenes y la lucha contra el machismo

A pesar de los discursos y las marchas, a pesar de los innegables cambios en la mentalidad de muchas mujeres, a pesar de la “liberalidad” reinante, a pesar de los cambios en la sociedad, las mujeres, especialmente las jóvenes siguen siendo relativamente ajenas a la reflexión y a la lucha por la emancipación real de la mujer.

Pocas son las jóvenes que deciden protestar, y muchas más pocas todavía, las que se atreven realmente a romper con los moldes establecidos. Al contrario, gastan esfuerzo, dinero y vida, en adecuarse al prototipo creado para ellas. Tener las medidas requeridas (bastante trasero y abundantes senos) y el rostro perfecto es lo principal, el prepararse para ser independientes y autónomas, en la medida de lo posible, no parece ser la prioridad sino para unas cuantas. Estudiar el pasado, conocer la historia de lucha de las mujeres por alcanzar el estatus de seres humanos y por ende, recibir un trato correspondiente, es casi un exotismo.

La lucha por la igualdad de condiciones y derechos de los que gozan los hombres, resulta para ellas indiferente, y en muchos casos, asunto de locas que se la pasan quejando por todo. Esto no deja de ser muy desalentador si se piensa que en las jóvenes se cifran las esperanzas del cambio.

De igual manera son escasas aquellas que se esfuerzan por reflexionar sobre los roles asignados, por cuestionar lo que se exige de ellas, por conocer y destruir los mitos en eso que los esencialistas llaman la “naturaleza femenina”.

El día internacional de la mujer se ha convertido para estas jóvenes, sumidas en su rol de mujer, en una fiesta más, en una celebración de su feminidad, belleza y dulzura, en una ocasión para rumbear, recibir regalos y mensajes de admiración y reconocimiento por ser “la más bella creación” sobre la tierra. Un día en el que se sienten reinas.

Ahora bien, es verdad que algunas jóvenes son conscientes y denuncian, más que antes, la desigualdad salarial, los abusos sexuales, el tema de “género”, la violencia contra las mujeres… pero en gran medida, su discusión se queda en el terreno de lo público mientras aquello que las mujeres somos y padecemos en el ámbito privado se reflexiona menos, se cuestiona poco.

Repetimos, claro que se denuncia hoy más que antes la violencia intrafamiliar y el maltrato pero no se cuestionan contundentemente los roles domésticos que son asumidos por hombres y mujeres en el hogar. El trabajo en la casa (realizado en la noche o en la madrugada cuando se trabaja también fuera de ésta) sigue siendo asumido por las mujeres; la responsabilidad del acompañamiento de los hijos durante su crecimiento sigue estando principalmente en manos de las mujeres; la sexualidad de la pareja sigue estando, en gran medida, regida por la voluntad masculina; la toma de decisiones sobre los aspectos cruciales de la vida, sigue estando en cabeza de los hombres; los sueños de las mujeres siguen estando subordinados a los de sus compañeros. Por supuesto en todo esto hay matices y excepciones pero no dejan de ser mínimas.

Y es ahí precisamente, en ese ámbito privado, en el más íntimo de los espacios donde muchas mujeres no reconocen su subordinación, no cuestionan la carga que se les ha echado encima. En ese espacio familiar las mujeres no hemos logrado comprender que todo aquello que parece natural, que por tradición se nos ha enseñado a perpetuar, no es sino la expresión más pura del machismo.

Es de puertas para adentro donde el patriarcado se incuba, crece y se reproduce. Ese espacio es su nido, representa el reino de los hombres y la esclavitud de la mujer; es el lugar en donde nuestra voluntad es quebrada, nuestro sueño de trascender es apagado, nuestra autonomía se desdibuja y nuestro progreso conoce sus límites.

Si las jóvenes siguen soñando con formar un matrimonio en las mismas condiciones en las que hoy existe; si siguen creyendo sin discutir que la máxima realización de una mujer es ser madre; si siguen aceptando sin reparo que el pilar del hogar es la mujer; si siguen esperando conseguir un hombre que las soporte económicamente; si siguen dejando que sus sueños se marchiten por correr tras un hombre que va en busca de los suyos; si siguen empeñadas en volcar toda su atención en su figura; en fin, si las jóvenes siguen estando convencidas que la lucha por la igualdad de condiciones y derechos se da solo en la calle y en el hogar se comportan como lo hicieron sus madres, sus abuelas y todos sus ancestros, la llamada revolución de las mujeres no será más que lo que es hoy en día, un discurso que suena bien pero que no pasa de ser eso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *