Pareja indígena

Adelante, con paso lento pero seguro, iba la mula cargada con las pocas cosas obtenidas en un largo viaje de ida y regreso desde esas tierras altas en las que todo queda sepultado por el silencio. Detrás, borracho, iba él. Alto y seco. En el rostro viejo de piel curtida sus ojos luchaban por mantenerse abiertos. Llevaba un traje blanco, oscurecido por el polvo de muchos días, y dos mochilas terciadas en su pecho. De un gorro colorido que coronaba su cabeza, escapaba desdeñoso su cabello. Siguiendo sus pasos, menudita y llorosa, iba ella, con su cara de niña y una mirada desbordada de tristeza. Llevaba puesta una túnica que parecía, alguna vez, haber sido blanca. De su estrecho cuello colgaban, sin alegría, una decena de collares de chaquiras rojas. En un peinado que evidenciaba no haber sido retocado por días, su cabello negro, largo y abundante caía descuidado sobre sus hombros.

Él con alpargatas, ella descalza. Él al mando, ella obedeciendo. Mula, marido y mujer, subían como por inercia un estrecho y empedrado camino que amenazaba no tener fin.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *